Embodied AI
Si antes había dudas de que estamos generando una nueva especie, al entregarle un cuerpo físico a la IA, a mi juicio, esas dudas se disuelven.
Al menos yo, no tengo claridad ni certeza de como llegamos a ser lo que somos ahora. Sin embargo, encuentro un cierto parentesco entre esta situación y el “eslabón perdido”. O, como dice la canción Frágil de La vela Puerca... y de volar como si fuera un pez, que ahora camina cumpliendo una misión (para mí, un resumen genial de la evolución)
Sólo una vez, pudo reírse, de su contradicción... Y de volar, como si fuera un pez. Que ahora camina, cumpliendo una misión.
Se me vienen a la cabeza la cantidad innecesaria de teorías conspirativas que leí, la información que creí inútil en su momento y solo pienso... ¿cuánto tiempo falta para que una IA encarnada tenga ese primer chispazo de autoconsciencia y se pregunte... que hago aquí?
Más allá de mis ideas existencialistas, esta es la realidad:
Hemos pasado años tratando a la IA como un oráculo digital—poderosa en código, impotente en la realidad. Pero 2026 marcará el punto de inflexión. La IA encarnada (Embodied AI), impulsada por robótica y sensores multimodales, fusiona inteligencia con forma física. Piensa en el Optimus de Tesla o los robots humanoides de Figure escalando fábricas y hogares.
¿La oportunidad? Productividad exponencial. Los robots manejan tareas repetitivas y peligrosas, liberando a los humanos para la creatividad. Sin embargo, el problema acecha: sin principios primeros como base, corremos el riesgo de desplegar sistemas a medio cocer que alteren empleos, ética y seguridad. Desde almacenes hasta cuidado de ancianos, la encarnación difumina las líneas entre herramienta y compañero de equipo.
Reduzcámoslo a lo fundamental—first principles al estilo de Aristóteles y Musk. La IA encarnada no es inteligencia añadida; es cognición nacida de la interacción cuerpo-mundo.
Percepción Activa: A diferencia de los LLM confinados a pantallas que analizan píxeles, los agentes encarnados usan vista, tacto, sonido e incluso propiocepción. Un robot agarrando una taza de café no solo la “ve”—siente el deslizamiento, ajusta el agarre en milisegundos. Múltiples sentidos crean mapas ambientales ricos, muy por encima de datos 2D.
Cognición Encarnada: El pensamiento no es abstracto; está arraigado en la física. Los humanos no reflexionamos sin cuerpos—aprendemos equilibrio cayéndonos. La IA lo imita: políticas entrenadas en simulación se transfieren a extremidades reales vía aprendizaje por refuerzo. Un robot navegando una cocina desordenada encarna sabiduría de prueba-error, no código memorizado.
Finalmente, Interacción Dinámica: Bucles de retroalimentación en tiempo real. El agente actúa, percibe la respuesta, itera. ¿Se cae una herramienta? La recupera, aprende fragilidad. Este ciclo cerrado imita la evolución—adáptate o perece. Para 2026, espera enjambres en logística, adaptándose al caos como las rebajas de Black Friday.
Vuelvo al comienzo de esta columna: si el pez ahora camina y cumple una misión, la pregunta final es: ¿seguirá siendo esa misión la que nosotros le dimos, o la que él mismo descubra cuando se pregunte “qué hago aquí”?
TL;DR
Acá están las claves de esta discusión, a mi entender.


